
Éxito: ¿puerta hacia afuera o viaje hacia adentro?
Por @eliasenriquedamian
Para algunos, el éxito se traduce en metas claras y visibles: un título universitario, una promoción laboral, una casa con jardín o miles de seguidores en redes sociales. Este tipo de éxito, el éxito exterior, es tangible y socialmente reconocido. Es la versión que se aplaude y se premia.
Pero existe otra dimensión, más íntima, menos visible. El éxito interior se vincula con la paz mental, la coherencia con los propios valores, el crecimiento personal y la satisfacción de estar haciendo lo correcto, incluso cuando no hay aplausos. Es el tipo de éxito que se siente, no se muestra.
“No sirve de mucho llegar a la cima si por dentro te sentís vacío”, comenta un psicólogo especializado en bienestar emocional. Y añade: “Tampoco es ideal vivir en calma si se arrastra carencia o aislamiento social”.
Así, muchas voces coinciden en que el éxito más completo es una mezcla de ambos mundos. Alcanzar metas, sí, pero sin perderse a uno mismo en el camino. Vivir con propósito, sí, pero también abrir espacio para celebrar lo logrado.
En definitiva, el éxito no es un destino, sino una danza entre lo externo y lo interno. Y quizás, la clave está en aprender a dirigir esa coreografía con autenticidad.





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